Parejas a bordo

Es muy conocido que una gran proporción de las tripulaciones que van de crucero son parejas, casadas o de otro tipo. También parece que en la mar, muchas de estas parejas mantienen los roles tradicionales de hombre y mujer de la vida en tierra. Un ejemplo común es que el hombre suele ser el que lleva el timón cuando se entra en puerto, mientras que la mujer suele ser la encargada de colocar las amarras y las defensas. Ahora bien, si esta división de tareas es poco equitativa es debate que dejaré de lado rápidamente, pero, ciertamente, sugeriría que esta organización puede representar a veces un uso de la relación persona fuerza poco eficaz. Tamaño por tamaño, la estructura generalmente más grande del hombre, su mayor fuerza física, su mayor alcance y su agarre más firme pueden ser de utilidad en la cubierta de proa, pero no tienen ningún valor especial en una timonera. Este hecho queda reflejado en cierta pareja que conozco. Su barco es un «Podews» de cierta eslora y él es un individuo más bien grande, ya que sobrepasa el metro ochenta y que está en una forma física muy aceptable. Ella también está en forma, pero es pequeña en todos los sentidos. Generalmente, navegan solos y, al atracar en su plaza de la marina, él se sienta al timón con su gorra de marino ligeramente inclinada y un puro en la mano: ella se mueve rápidamente entre la cubierta y el pantalán, haciendo firme la amarra de proa primero y precipitándose a popa después, antes de que ésta caiga hacia alguna banda. El gobierna con calma desde su confortable asiento en el puente hasta que todo está asegurado. Generalmente, las cosas transcurren con normalidad con agua caliente a bordo, pero si hay algo de viento lateral, la diminuta tripulante tiene, en primer lugar, gran dificultad para saltar al pantalán y después, se enfrenta a una pelea a brazo partido con las amarras. La verdad, jamás hay un altercado entre ellos dos y sin duda alguna, usted se habrá encontrado con parejas a bordo de las que no se podría decir lo mismo. A pesar de esta armonía bien compartida, estoy seguro de que, en siones, las cosas serían más fáciles si él estuviera en cubierta y ella en el asiento de mando Los gabarreros de los canales europeos han ideado un buen sistema: al acercarse a una esclusa, con frecuencia será la mujer quien se haga cargo del timón, mientras que el marido se pone un par de recios guantes para hacerse cargo de las ama- rras. De la misma manera, ella es igualmente capaz de parar suavemente las doscientas toneladas de gabarra dando unas cuantas vueltas acertadas alrededor de las bitas En el caso de cruceros sin mucha mano de obra, parece de sentido común que todo el mundo a bordo debiera ser razonablemente competente en la mayor parte de los aspectos del gobierno de un barco, y esto incluye tanto maniobrar en puerto como la navegación y la marinería en general. Por supuesto, una vez que una pareja ha adquirido el hábito de los roles estereotipados masculino y femenino, necesitará hacer un gran esfuerzo para intercambiar las gorras si realmente quiere desarrollar la polivalente También hay que tener en cuenta el factor interés, así como el tema de la seguridad. Podría ser interesante que la persona que normalmente lleva el timón haga turnos en cubierta ocasionalmente, al tiempo que el «tripulante» prueba el reto del timón. Este intercambio mejorará a la larga el trabajo en equipo, ya que ambas partes llegan a comprender las dificultades inherentes a cada tarea.

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